Cualquier transacción económica debe limitarse a las partes imprescindibles. Suponiendo un escenario en el que únicamente hay un un cliente, un vendedor y un banco involucrados, sería necesario que:
En el mundo real, el cumplimiento de estos requisitos depende de la forma
de pago. Si se paga en efectivo, la revelación de la transacción
queda a la discreción del vendedor. El banco no interviene más
que como garante del dinero, pero no tiene por que conocer la
transacción. En cambio, si se paga mediante tarjeta, además el
tercer punto no es tan evidente ya que el vendedor conoce, de alguna manera,
datos sobre la cuenta del cliente.
En el mundo real, el dinero en metálico (cash) es
difícilmente rastreable. No tiene propietario, o más bien, no
es nominativo (como antiguamente lo eran las acciones). Sin embargo, las
transacciones a través de la red dejan trazas en forma de
múltiples logs y registros. La falta de anonimato tiene un
efecto psicológico importante sobre el comprador, que puede inhibir la
realización de transacciones, sobre todo en adquisiciones relacionados
con temas escabrosos o con aquellas que requieren específicamente
anonimato (un ejemplo podría ser la adquisición de acciones de
una compaña).
Aunque se proporcione anonimato, la falta de confidencialidad permite la
identificación de patrones de compra que podrían ser utilizados
por partes a las que no se ha prohibido expresamente su utilización.
De modo análogo al caso real, el cliente (salvo en el caso del pago en efectivo, electrónico en este caso), debe identificarse de forma que sea posible para el vendedor poder reclamar en el caso de que el pago no se realice de forma correcta o no se haga.
Del mismo modo, el comprador debe conocer la identidad del vendedor, toda
vez que el producto no se entrega de modo inmediato (esto es cierto solamente
en el caso de la venta de productos, goods, y no en el de
información). Sería enormemente sencillo montar comercios
electrónicos falsos con la única intención de obtener,
por ejemplo, los datos de las tarjetas de crédito de los posibles
clientes.
En transacciones a través de Internet, lo más fácil
sería que comprador y vendedor acudan a una tercera parte de confianza,
conocida como autoridad de certificación (Certification
Authority, CA) para garantizar la autentificación. Surge el
problema de la autentificación de las propias autoridades de
certificación.
Puede ser de dos tipos:
La recuperación de estas caídas requiere alguna clase de
almacenamiento estable en todos los actores de la transacción y la
existencia de protocolos de resincronización específicos.
No se trata de características necesarias para la existencia de
transacciones, sino de los parámetros de diseño que definen un
sistema (algunas son totalmente incompatibles). De lo que se trata es de
diseñar sistemas que satisfagan las necesidades (a veces
contradictorios) de los usuarios de Internet.