INTRODUCCIÓN

De un tiempo a esta parte, Internet se ha convertido en un acontecimiento de moda. En la coletilla que acompaña en el subconsciente colectivo a la vertiginosa introducción del ordenador en la vida cotidiana, aderezada con la posibilidad de obtener comunicación instantanea y acceso a enormes cantidades de información a través de redes de ámbito global. Sin duda, Internet es el fenómento tecnológico de más envergadura en la historia humana desde el nacimiento del PC, y con consecuencias sociales incluso mayores y, en todo caso, impredecibles.

Lo que nació como una red de uso militar, más tarde identificada como una red integrada por universidades y centros de investigación, se ha convertido en la actualidad en la inesperada y auténtica precursora de las infopistas, las superautopistas de la información. Internet ya permite la transmisión de imágenes, animaciones, dibujos, sonidos, voz y, por supuesto, de una cantidad tal de datos que en breve tiempo superará en volumen al tráfico telefónico.

Es preciso dejar claro desde el principio que Internet no es una red homogénea. Yerran aquellos que hablan de la red Internet. Ni siquiera posee un propietario único o una autoridad centralizada. Se trata simplemente de un conjunto de redes interconectadas, autónomas y de muy diversa índole. Públicas o privadas, locales o de ámbito mundial, dedicadas a la investigación, a la prestación de servicios con o sin ánimo de lucro, o al entretenimiento, etc...

No menos importante, al menos para hablar de forma coherente, es la consideración del género de la criatura. A mí, particularmente, me parece más adecuado y suena mejor aplicar a Internet el género femenino. Esta parece ser la convención más extendida, al menos en los ambientes universitarios. Por tanto, hablaremos de la Internet y no del Internet (como algunas veces se ha dicho), aunque, en general, se prescindirá de artículos. Esta elección puede ser discutible, pero, en mi opinión, Internet hace referencia a una red de redes (y red posee género femenino en castellano).

Para terminar esta introducción, y como una especie de declaración de principios, nada mejor que finalizar con una cita de Bill Joy, cofundador de Sun Microsystems. "Para mí la belleza y significado de la Red es que, por su propio diseño, es una fuerza descentralizadora. No sólo lo hace resistiéndose a ser controlada por cualquier entidad, sino también porque no hace discriminación. No hay tipos equivocados de ordenadores o software para la Red, con tal de que sigan unas reglas de comunicaciones muy básicas".